Cat Island se cree debe su nombre al famoso capitán y pirata británico Arthur Catt, o a las enormes manadas de gatos salvajes que habitan en la isla desde antes que llegaran a ella los colonos. Esta isla es la menos visitada de las Bahamas, un verdadero santuario, indomable y fértil, que sirve para olvidar las tensiones a quienes la visitan actualmente.

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Existen registros de un ermitaño penitente que construyó un monasterio medieval encima del monte Alvernia en esta isla, un maravilloso monte selvático rodeado de acantilados, flores y arena, el ermitaño del que hablamos, fue el Padre Jerome, quien encontró aquí, la paz y tranquilidad añorada que jamás encontró en otra parte.

Esta isla fue en los años 1.700 una próspera tierra productora de algodón y otros bienes, de esa época hoy solo quedan ruinas y abandonados vestigios desmoronados dejados a su suerte, que rememoran antiguos corrales de animales bovinos y un pasado de gloria.

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Sin embargo, a pesar del trágico destino que sufrió la isla al ser abandonada, quedaron aun en ella algunos descendientes de los colonos. Ellos creen que dios es el eterno proveedor de su sustento, y así se dejan llevar por lo que el destino decida para ellos. Por la escasez en la que se encuentra la isla, en cuanto a materiales industriales propios de una ciudad, los artistas nativos han recurrido a su máxima creatividad, construyendo instrumentos musicales con maderas y piedras nativas, originando así, un instrumento que da un sonido único, jamás oído en otra parte del mundo. Esta es la música folclórica de Cat Island, la isla de los gatos salvajes.

Fotos: branadventures.net